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La periodista pasa revista

Viernes, 21 de julio de 2006

Hoy no me puedo levantar

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Sí, ayer después de mucho tiempo queriendo ver el musical "Hoy no me puedo levantar" pude realizar ese deseo. Y mereció la pena, cuatro horas de espectáculo que no defraudaron. De la obra hay que destacar su puesta en escena, algo que me impactó. Ya no solo por el hecho de lo bien realizadas que estaban las coreografías, sino también por el despliegue de acrobacias y de medios.

Partiendo desde fuera del escenario, dos cabinas: en una estaba situada la trompetista y guitarrista que hacia las veces de animadora del público; y en otra su alter, a la batería. El escenario se dividía en varias partes: una habitación en el lateral, un cubículo en el centro que igual hacía de habitación que de cementerio, escaleras laterales, múltiples puertas frontales y laterales y, por último, un centro mágico del que podía salir cualquier cosa, desde un bar hasta una cama. Todo esto aderezado con múltiples efectos especiales y con accesorios casi imposibles: una mujer descolgándose por dos tiras de tela, una dama que gira dentro de una esfera... Absolutamente de todo.

Quizás lo que más me llamó la atención fue el recurso central. Una gran pantalla que se usaba para localizar escenario (por ejemplo una carretera), para rememorar el pasado (fin de año en la puerta del sol, imágenes de grupos antiguos...) o para narrar las peripecias de dos amigos que llegan a Madrid (imágenes rodadas previamente a modo de película que se proyectan sobre el escenario para que el público imagine lo que ha ido sucediendo). También servía, desgraciadamente, para darnos las imágenes de lo que sucedía en primera fila cuando el público participaba en el espectáculo a todos aquellos que estábamos más alejados y no teníamos tan buena visión.

Y es que sobre todo es eso, un musical participativo. Un musical donde se recurre al público para cantar, un musical donde nosotros nos sabemos parte del guión. Quizás, debido a sus casi cuatro horas de duración, haya momentos en los que resulte un tanto pesado pero al fin y al cabo el argumento engancha, así que merece la pena. Eso por descontado. desde aquí animo a todos aquellos que aún no lo han visto a que acudan a Gran Vía a descubrir la historia de dos amigos que viajan a Madrid para conseguir la fama musical y todo aquello a lo que tienen que renunciar durante el camino. Penas y glorias de unos músicos como hubo tantos en los ochenta. Seguro que al escribir la historia, Nacho Cano cambió nombre y apellidos a más de un amigo. Una vuelta a los ochenta que ahora se va de vacaciones, pero que seguro que vuelve con más ganas en septiembre.

Por: Sonia Sanz Illana | Música | Comentarios (3) | Referencias (0)

Comentarios

... y si al oir lo que van diciendo en la obra te vas enganchando poco a poco, al oir lo que dijiste en el intermedio me enganché aún más a ti.

Sonia | 21-07-2006 13:03:39

Lo primero decirte que eres una cursi... por ese ultimo comentario...

Y lo segundo que eres un poco exhageradilla eh??? Tampoco hay tantas acrobacias...

A mi sinceramente la primera parte me pareció bastante menos entretenida que la segunda. Los "chascarrillos" como tu dices, no llegaron a convencerme del todo... no sé si porque la gente se reia más de la cuenta y perdian su significado o porque realmente no estoy en la linea de humor de nacho cano....

A parte de eso fue una noche memorable, por la obra, y por haberla visto sentado a tu lado y agarrados de la mano.
Gracias pequeña....

oscar | 22-07-2006 13:44:01

cuanto amor.........que envidia.........y sigo sin saber nada de mi Adrien....estará con sus francesitas no-depiladas......creo que me voy a volver loca.....Saludos de Pili también....

vir | 23-07-2006 14:20:59

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