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La periodista pasa revista

Martes, 25 de julio de 2006

CAPÍTULO 1: De lo que mi acontece. Una forma de conocerme un poco más.

Año nuevo... nuevas mentiras. Como cada año me he propuesto una serie de metas de dudoso cumplimiento, entre ellas las que no podían faltar: ponerme a dieta, terminar lo que empiece, que alguien se enamore de mí... sí, sí, que alguien se enamore de mi, porque yo no pienso volver a enamorarme de nadie hasta que no muestre cierta reciprocidad. Soy una mujer nueva, una "soltera redecorada", como a mí me gusta llamarme.

He cerrado el año siendo un "kamikace love" y no estoy dispuesta a empezarlo de la misma manera, aunque acabe siendo una solterona centrada en su trabajo y que convive con su gato - algo que, por otro lado, ya tengo completamente asumido. Ya puede arder Troya a mi alrededor, que hasta que no me digan "te quiero" no voy a dar ningún paso por mi parte.

A lo largo del año he tenido que aguantar ciertas rupturas y comeduras de cabeza que me han transtornado y que han servido para recordar varias cosas:

1. No te vuelvas a acostar con alguien con quien ya lo hiciste si la primera vez no salió bien la jugada.
2. No te enamores del amor, enamórate de alguien que esté enamorado de ti.
3. No te fíes ni de tu padre.

Quizá hubiese sido un año como cualquier otro si no hubiese sido por la cantidad de mamarrachos que he ido conociendo, y los tuve de todas tallas y colores, lo que me demuestra que todos los hombres son iguales: guapos, feos, altos, bajos, gordos, flacos, más mayores, más jóvenes... Como para la coca-cola, las reglas son... "para todos".

Pero si hay un objetivo primordial en este comienzo de año es darle una buena lección a uno que yo me sé. El señor Guillermo Vázquez, un compañero de la redacción con el que tuve un "affair" y que no hace más que sembrar un campo de dudas en mi cabecita no falta de preocupaciones. ¿Le gusta que le quiera pero no quiere quererme? Bien, pues se va dar cuenta de lo que valgo cuando me pierda, porque está claro que no me merece - no es que yo sea una creída elevada a la novena potencia, es que es cierto, todo el mundo lo dice (sí, sé que no muy fiable que ese "todo el mundo" se reduzca a mis amigos).

Bien, marcadas las metas en el amor. Ahora me importará cada vez menos rodearme de las cada vez más parejas de amigos y amigas emparejados. Estoy preparada para ser la eterna dama de honor en las bodas, a mi ya ni fú ni fá. "Y tú cuándo te vas a hechar novio" va a ser la consigna por los siglo de los siglos. Amén. - Aunque... ahora que lo pienso... a mi curriculum de mujer fría y sin sentimientos le vendría bien un divorcio para darle un poco de glamour al asunto... quizá me busque un amigo gay con el que casarme, para que la comidilla tenga más chicha. No sé, me lo pensaré con el tiempo.

Los amigos bien, la familia bien, gracias; y el amor resumido. Esto junto a mi todavía incipiente carrera como periodista con un contrato basura indignante y un superior con el que compartí clase en primero de carrera (Mr. Alejandro, el eterno pelota, del que cabe decir que su ascenso meteórico se llevó a cabo gracias a sus "enchufes" y a la política machista de promoción interna de la empresa) son lo que resumen mi patética vida a mis 26 años. Hace tres que vivo en un piso de alquiler bastante arregladito -sin duda lo que más me gusta de mi vida- con una compañera de dudosa moralidad que se define a sí misma como "enamorada libre", lo que viene a ser "ninfómana reconocida". Como si del propio Ortega se tratase, debo decir que esta soy yo y mi circunstancia, o "así son las cosas y así se las hemos contado".

Por: Sonia Sanz Illana | Diario de una soltera redecorada | Comentarios (0) | Referencias (0)

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